Posts Tagged ‘pobreza’

El tranvía

March 20, 2010

Costó sólo algo más de 1000 hryvnias para 21 de nosotros alquilar un tranvía para darle una despedida muy especial a una de las chicas del grupo.

Su estancia en Kiev había terminado y ella se preparaba para volver a España.

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Dando la nota

February 22, 2010

Kiev es como cualquier otra gran ciudad en el mundo en cuanto a que el viajero puede encontrar gente por las calles que está dispuesta a dar espectáculo y hacer las delicias del respetable, y eso muchas veces les lleva a dar la nota, como es el caso de este amiguete que parece tener muy claras este tipo de cosas.

Nuestro aspirante a Rolling Stone da el número en la céntrica Avenida (o “Bulevar”, que se le llama aquí) de Jreshatik, el corazón de Kiev. O la aorta, más bien, ya que lleva directamente a la Plaza Maidan, que sí se puede considerar el corazón de la ciudad.

Aquí voy yo a echarle algo de leña al mono -es un decir, no va por él, por si por un suponer supiera español y leyera este post, lo cual es de lo más probable, claro-.

Nótese que siempre hay gente con ganas de hacer un poco de coña, como la pequeña que se me ha colado para promover el espectáculo callejero.

Demasiados Illya

February 15, 2010

Illya es para Ucrania uno de esos nombres de varón típicos que todos los países tienen, como lo puedan ser para España Ramón, José, etc.

Pero el Illya que ocupa parte de mi atención estos días es un chico al que ni siquiera conozco, aunque consigue que le observe todos los días, al menos por unos momentos.

Me reúno con un amigo para tomar una pizza.
¿Cuántos Illya hay en Ucrania? – le pregunto.
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Maldito duende

February 15, 2010

Me mira todos los días. Él siempre está ahí.

El duende del que hablan los Héroes del Silencio te invita a soñar, pero él más bien puede ser capaz de quitarte el sueño. Si la idea era generar un impacto en todo aquel que lo vea, el efecto está muy bien conseguido, desde luego. Su mirada es persistente, como la gota de agua que perfora la roca. Día tras día. Mañana tras mañana.
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No es más rico quien más tiene…

November 20, 2009

…sino quien menos necesita.
Esta es una de las grandes verdades de la vida. Me lo han demostrado esta tarde. Hoy he vivido la que hasta ahora ha sido la mejor experiencia desde que estoy en Kiev. Y no sé si llegaré a vivir una mejor.

Desde hace poco he empezado a recorrer las calles de Kiev. Dedico horas y horas a recorrer el camino de una estación de metro a otra a pie. A veces es más complicado de lo que parece.

Estaba en la parada de metro de Voksalna. Me encaminaba a la siguiente, Universitiet. Al salir de Voksalna veo que no sé cuál era el camino exacto. Si me pierdo antes de empezar el camino, voy listo.

Hay muchas tiendas alrededor de Voksalna. Me dirijo a una de ellas, donde seguro sabrán como llegar a Universitiet.

La tendera no sabe responder, pero una señora mayor que hay al lado con un pañuelo en la cabeza me coge y empieza a contarme cosas. Como puedo le entiendo que no tienen ni idea de llegar a Universitiet andando, que coja el metro. Como quiera que insisto en ir andando -de eso se trata- la mujer me pregunta si tengo dinero -ella a mi-. Vaya. Hoy precisamente llevo dinero encima para pagar mi alquiler. No desconfío de la señora, pero sí de quien pueda haber alrededor. Al lado hay varios hombres, presenciando la conversación. Con el dinero que llevo encima, prefiero decir que no.

Bien, pues uno de esos hombres, de los que tanto desconfiaba, me da un billete de 2 UAH para que pueda coger el metro, mientras la señora me coge y me lleva hacia su puesto en la calle, una mesa destartalada en la acera en la que tiene huevos y manzanas. Intento rechazar el billete, pero ellos insisten en que me lo quede. Al final no puedo resistirme más sin que parezca un desprecio. He de aceptarlo. Además, se me cae el billete y otro de ellos me lo señala para que lo recoja. Así lo hago. La mujer, por su parte, me regala una manzana. A ella también le digo que no, que no la necesito. Pero ella está decidida. Muy decidida. De hecho, me regala dos “para que coma esta noche”.

La situación es absurda. Yo ya he cenado, en un McFoxy cercano (la versión ucraniana de McDonalds).

Además, probablemente llevo más dinero encima del que pueda ganar ella en todo un mes. Es de risa.

Pero por eso mismo me impacta. Siempre es la gente más humilde la que está dispuesta a renunciar a lo que tiene por ayudar a los demás. Es irónico. Y ser capaz de hacer eso demuestra que esa gente es feliz. La gente que no lo es no puede ser tan generosa.

Volviendo a casa siento un sabor agridulce, pensando en la fotografía de esa mujer hablando conmigo, y el otro hombre dándome las dos hrivnas. Visto mejor que ellos. Probablemente llevaba diez veces más dinero en el bolsillo que ellos (o más). Pero siento como si, efectivamente, el mendigo fuera yo. Económicamente pueden ser desgraciados. Humanamente, son gente con una gran fortuna.

Creo que mi estancia en Kiev me dará la oportunidad de ver lo mejor y lo peor de estas gentes. Aunque no sé si podré ver algo mejor que lo que he visto esta tarde.

Experiencias como esta me hacen pensar que tal vez haya alguna esperanza. El Hombre Humano existe de verdad.

Perros callejeros

November 12, 2009

Vuelvo a casa.
Atravesando callejones subterráneos que cruzan las avenidas de Kiev veo un panorama desolador.

No soy el único rechazado. No soy el único que está en la calle esta noche. La diferencia es que yo por lo menos tengo un sitio al que dirigirme.

Ya había conocido estos callejones de día. Llenos de ancianos que venden frutas, verduras, algunos pescado, aunque también los hay que venden ropa, guantes, etc. estos callejones son el Mercadona callejero de Kiev. Supuse que al acabar el día recogerían sus cosas y se irían a sus casas.

Es más de la una de la mañana en Kiev. Estaremos a pocos grados sobre 0. Y los perros callejeros buscan cobijo en los callejones para echar una cabezada hasta el día de mañana. Me da por pensar que la cantidad de perros callejeros en una ciudad también da una imagen de cómo es esa ciudad. A lo mejor me equivoco, pero dudo que haya muchos en Beverly Hills.

Pero algo que dice más aún de cómo es un sitio, y que da más pena aún, es ver que no sólo hay perros viviendo en la calle. A pocos metros de donde un pastor alemán fiel amigo de las calles reposa entre la basura, una señora, cuyas arrugas en la cara dibujan una larga vida a sus espaldas, está sentada, a punto de irse a dormir; y un hombre, también de avanzada edad, está dentro de un saco, intentando conciliar el sueño.

Da pena ver que estás abandonado. Que no tienes un dueño o alguien que cuide de ti. Da pena ver que te has de buscar la vida en la calle. Que has de dormir en los callejones subterráneos, cerca de la basura. Todo esto da pena cuando eres un perro. Pero probablemente más pena debe de dar cuando eres un anciano.