Un fin de fiesta inesperado

Camino por la calle a media tarde. De repente, un grupo de indios se cruza en mi camino. El cowboy va detrás de todo. El disfraz es íntegro: a pesar de ser mediados de noviembre no lleva nada más para cubrir su torso que el chaleco que venía con la vestimenta. El hombre va con sombrero y botas a juego, mientras sus compañeros van pintarrajeados y, nunca mejor dicho, haciendo el indio. Por supuesto, hablan un idioma de la Europa no continental.

¿Qué diablos les pasa a los ingleses hoy?

Levante Sur - Rincón de Loix. Un mundo aparte


La zona guiri en Benidorm es la que está por Levante Sur hasta el extremo este del pueblo, el Rincón de Loix. La noche transforma la calle en una amalgama de luces parpadeantes colgadas sobre los bares y discotecas del lugar, frecuentados por extranjeros residentes o no en el vecindario. Los mayores son jubilados que prefieren su retiro en la Costa Blanca y los jóvenes pueden estar de vacaciones o vivir aquí por cualquier motivo.

Estos últimos aparecen en muchos casos bajo extrañas formas, tales como las de gentes disfrazadas de cosa rara, ebrios y con un color de piel similar al de un kilo de gambas cuando es verano, debido a su práctica diaria consistente en pasar varias horas en la playa cultivando algo tan sano como el cáncer de piel.

Las fiestas de Benidorm son – o han sido este año, al menos – del lunes 15 al miércoles 17 de noviembre. Hoy es 18 de noviembre, jueves. Teóricamente ya es día laboral. Salgo de nuevo por la noche, por la zona Loix.

Ríamonos de Halloween. Me siento sólo, casi incomprendido, al ser el único que va vestido de persona normal por la calle: me cruzo en cuestión de minutos con Superman, los Pitufos y Vicky Pollard, un famoso personaje de una serie de humor británica (ver más sobre ella aquí). Un ruido repentino me sobresalta. Vaya. Están tirando hasta petardos. De hecho, poco después oigo tracas y pequeños castillos. La policía local corta la calle con coche patrulla y todo. Como si ya lo tuvieran previsto.

Me acerco a un camarero español en uno de los muchos pubs ingleses de la zona. El chico, disfrazado de Superman (él también), recoge unos vasos de cubalibre de una de las mesas recientemente concurridas.

– Perdona, ¿qué está pasando?
– Nada, los ingleses, que montan esto todos los años
– Ya… eh… pero, ¿por qué razón?
– Sí, bueno, hay un motivo: porque les da la gana; lo empezaron a hacer hace unos cuantos años y ahora cada vez que se terminan las fiestas de Benidorm, al día siguiente montan un pollo de estos
– ¿O sea que montan toda esta historia para tener su propia fiesta no oficial… porque les da la gana?
– Sí, llegado este día se tiran desde las 13:00 desmadrando y poniéndose finos a beber

Me quedo de piedra. Llevo unos cuantos meses por aquí, pero Loix no dejará de sorprenderme nunca. Y, viendo cosas como la de esta noche, algo de razón tiene la gente que dice eso de “Benidorm a veces parece una ciudad sin ley”.

También es verdad que poco después de medianoche el ambiente se ha relajado mucho; ya no queda casi nadie por la calle.

Y yo sin una imagen de nada de esto. A Dios pongo por testigo que nunca volveré a este pueblo sin una cámara. Benidorm sorprende. Sorprende de verdad.

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