¡Capitán, nos vamos a pique! …a pesar del dineral que costaba la licencia

Imagen por cortesía de fairydawn.com

Esta última entrega de esta saga, que comenzó con la anécdota del concesionario para continuar con una reflexión sobre la sostenibilidad del software, tiene que ver más con la fiabilidad del software libre frente al propietario.

¿De fiabilidad hablamos? Partimos de que ningún software es seguro. Puede ser fiable, pero no seguro. Siempre hay incidencias y fallos, y es necesario un mantenimiento, contratado o no. Y , en cuanto a asunción de responsabilidades en caso de desastre, yo aún estoy por leer la licencia que asuma responsabilidad por las pérdidas causadas por un fallo del sistema. Las de software propietario tampoco, pero eso sí es grave, considerando el precio pagado por una licencia de uso que no permite ver la fuente.

Además, las empresas que generan software privativo en ocasiones no hacen desarrollos a medida, sino programas para el gran público. Microsoft Office o el sistema Windows, por ejemplo. Al respecto, decir que Microsoft decidió en su día cambiar el esquema de nombre de sus nuevas versiones, basadas en “Windows+año de lanzamiento” (Windows97, Windows2000…) porque el mismo nombre suponía una obligación en cuanto a fecha de lanzamiento. No tiene sentido lanzar Windows2000 en el 2001, por ejemplo. Esta presión por motivos comerciales les obligaba a hacer muchas de las pruebas que tenían que hacerse deprisa y corriendo, con el consecuente resultado una vez lanzada la nueva versión.

Y ahora pensemos, si somos gerentes de una agencia de viajes, un hotel, etc. y tenemos funcionando nuestros sistemas de información bajo este tipo de software, el sistema sufre un fallo y durante horas, o incluso días, nos quedamos sin dar servicio a nuestros clientes, o incluso perdemos información referente a reservas, datos de clientes, pagos pendientes que éstos tengan con nosotros y un largo etc. y resulta que nadie de nuestro staff puede acceder al código para solucionar el problema, no podemos pedir responsabilidad ninguna y encima a final de año tendremos que renovar la licencia de ese sistema o convocar un nuevo concurso para desarrollar otra aplicación. Ni siquiera tenemos la seguridad, como decíamos en la entrega anterior, de que el sistema esté libre de fallos de seguridad o puertas traseras.

¿No es una situación un tanto indeseable? De nuevo: ¿montarías tú, visitante, en un coche como el que dibujábamos la semana anterior? Es más fácil no meterse en problemas que salir de ellos, por eso hemos de saber muy bien dónde nos estamos metiendo.

La moraleja de esta saga de posts es que la licencia tiene una gran importancia en la relación que se establecerá entre proveedor y cliente del sistema adquirido. No es para nada un detalle a descuidar.

La ventaja es que hoy ya no hay un único concesionario. Hay muchos. Algunos venden coches con el capó sellado. Otros venden coches normales, con el capó perfectamente desplegable y posibilidad de ser reparado por uno o mismo o un mecánico de confianza.

¿Sabes bien qué coche conducís tu empresa y tú? ¿Has visitado suficientes concesionarios?

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