Coches de choque, licencias de software y otras historias para no dormir

La semana pasada contaba yo una anécdota mía en un concesionario un tanto peculiar.

Como era de imaginar, por suerte esta historia es ficticia. Sin embargo, por desgracia, no lo es tanto: más o menos eso fue lo que me pasó cuando por primera vez me dio por leerme una licencia de software propietario.

Imagen extraída de lapastillaroja.net

El problema del software propietario no es otro que incluir unas cláusulas abusivas en su licencia. Serían consideradas como tales si se incluyeran en la venta de cualquier otro producto o servicio. ¿Por qué no a la del software? Pensemos en la historia del coche mientras vemos los siguientes puntos, por orden de aparición:

Por supuesto, el software propietario lo es porque:

a) Nadie te da el código fuente, esto es, las líneas de programa que hacen que éste funcione; tú sólo puedes hacer funcionar el ejecutable, el programa en sí, pero no puedes entrar en el fichero que dio lugar a ese ejecutable para ojear cómo está hecho, porque no te lo dan.

b) No tienes permiso para averiguar por tus propios medios cómo funciona la aplicación. Eso es ingeniería inversa, y no está permitido por este tipo de licencias.

Vulnerar estas cláusulas es ilegal. Incluso cuando, efectivamente, ha habido bastante polémica respecto a qué es lo qué hace exactamente nuestra máquina sin que nosotros los sepamos.

La utilización en diferentes máquinas tampoco estaba permitida. Si la organización crece o sus necesidades cambian de un año para otro también crecerán sus costes en mayor medida que con Software Libre. Hay limitaciones, en algunos casos respecto a cómo usar el sistema.

También pensar que cuando se acepta una licencia de software privativo se está concediendo el monopolio del servicio de soporte y actualización a la empresa adjudicataria. Si, sea hoy por necesidades actuales o por otras impuestas por el crecimiento de la compañía se precisa una adaptación del software a las necesidades de ésta, la organización tendría muy poco poder de negociación frente al proveedor, si es que quiere seguir utilizando ese paquete. Algunas empresas cambian las licencias del software obsoleto a licencias libres, “liberan las versiones antiguas”, pero otras no lo hacen. Si nos viéramos en el segundo caso y el proveedor dejara de prestar soporte a una versión antigua con la que funcionamos la actualización a una nueva versión de ese programa, desarrollado por la compañía, sería forzosa, suponiendo costes adicionales: ya no dan soporte a la vieja versión, y la licencia prohibe que nadie más lo haga.

Menudo coche, ¿verdad? Si alguien lo compra, de veras espero que no sea aficionado al tunning.

Pasado mañana la última entrega de la saga, quizá la más interesante: ¿qué pasa con la fiabilidad? ¿Qué pasa con mi negocio si el barco se hunde?

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One Response to “Coches de choque, licencias de software y otras historias para no dormir”

  1. ¡Capitán, nos vamos a pique! …a pesar del dineral que costaba la licencia « El Hombre Humano Says:

    […] última entrega de esta saga, que comenzó con la anécdota del concesionario para continuar con una reflexión sobre la sostenibilidad del software, tiene que ver más con la fiabilidad del software libre […]

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