El negocio del software: señora, no estamos vendiendo almendras

– Y si tú el software lo regalas, ¿de qué vives si se supone que deberías venderlo?
El conferenciante mira al chico. Ha hecho la pregunta del millón.

El murmullo se acalla. Un silencio instantáneo recorre el salón de actos como el fuego sobre un reguero de pólvora. Siento una especie de comunión con el resto de los asistentes. Por un momento es como si nuestras mentes se pusieran en red: todos teníamos la misma duda pero nadie acertaba a formularla. Ha tenido que ser este compañero de la Facultad de Informática quien disparara.

Todo esto pasó hace años. Juan Tomás era por entonces presidente de Hispalinux, y estaba dando una conferencia sobre software libre -como no- en la Semana Cultural de la Facultad de Informática.

Efectivamente, muchos nos hacíamos esa pregunta de vez en cuando, al hablar de este tipo de cosas. “Se habla mucho de nuevos modelos de negocio para promover el software libre, pero ¿cuáles?”, decíamos.


– Yo no vendo software. Vendo servicios.
– contesta Juan Tomás.

Y es verdad. Dedicarse al negocio del software no es como dedicarse al de la venta de comestibles, por ejemplo. Si uno se come un kilo de almendras se las ha comido, ya no se las puede dar a otra persona para que se las coma otra vez. Con el software no. El consumo es no – rival: que tú hagas uso de una determinada aplicación no priva a otra persona de hacer lo mismo. Basta con instalar la aplicación en ambos equipos (o en un servidor para que la usen ambos usuarios, si hablamos de aplicaciones en servidor).

El negocio del software no se basa sólo en crear un programa y venderlo. La aplicación que tú crees requerirá que los usuarios potenciales tengan conocimientos sobre cómo hacerlo. Requerirán formación. Se requerirá también que, si hay incidencias, (que siempre las hay en cualquier aplicación), alguien las solucione. La aplicación necesitará además un mantenimiento, porque las necesidades de la empresa irán cambiando a lo largo de la vida útil de la aplicación, por lo que ésta tendrá que adaptarse a las mismas. La compañía tendrá también que tener a mano servicios de auditoría / consultoría sobre seguridad, sistemas informáticos, el uso que se le dé a los mismos, etc. todo eso son servicios asociados al software. Todo eso se factura. Incluso la aplicación en sí, cuando se hace por primera vez, porque no se cobra el producto, si éste ya está hecho, sino el tiempo dedicado a crearlo, si no lo está.

Más o menos esa fue la respuesta que dio Juan Tomás en aquella ocasión. Expuso la visión del software como un servicio, no como un producto.

Efectivamente, como se ve en el gráfico al principio del post, la disminución de coste asociado al pago de licencias supone más dinero para proveer servicios por usuario en cualquiera de los puntos citados anteriormente.

El software no es un producto. O al menos no exclusivamente. Aún cuando hablamos de software propietario, el software como mínimo también es un servicio. Y, en efecto, el negocio del software no es como el de las almendras.

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One Response to “El negocio del software: señora, no estamos vendiendo almendras”

  1. Паша Says:

    nunca he comprado un software =) es pirateado aki 100%=)

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