A los pies de Madre Patria. El Museo de la Guerra Patriótica

Querido visitante:
observa, por favor, esta imagen.

Ahora, por favor, observa esta otra, y busca las siete diferencias.

¿Acaso no tienen un parecido más que razonable?

Bromas aparte, dejando a un lado la gracia de ver a Adolfo contando el chiste de El Alemán de la Pradera, lo que se puede ver en el Museo de la Guerra Patriótica no tiene gracia por ningún lado. Uno descubre una nueva dimensión de la palabra “barbaridad” cuando se para a ver lo que los nazis hicieron en Ucrania.

En un principio Stalin se había aliado con Hitler para repartirse Polonia como si fuera el bollycao del viernes. Estaba todo más claro que el agua: media pa’ ti, media pa’ mi. Pero la cosa se torció.

Los alemanes montaron un número llevando a cabo un autoataque con sus propios hombres vestidos en uniforme polaco para poder decir que Polonia atacaba al Reich y así legitimar la anexión de la parte polaca que se había quedado el bando soviético. Ahí empezó el conflicto entre ambas potencias. Rusia, finalmente entraba en guerra contra Alemania.

La estrategia alemana era la de hacer una guerra relámpago. Alemania sabía que partía con muchísima ventaja en esta guerra. No querían que con el tiempo los errores del bando soviético pudieran ser subsanados.

Stalin se había ventilado a todos los oficiales del ejército ruso para no tener a nadie que le hiciera sombra, con lo que no tenía buenos oficiales preparados para la guerra. Estableciendo un patrón que recuerda a la política de ascensos de algunas organizaciones contemporáneas, el primer becario que llegara podía en un periquete, cuestión de menos de dos años, estar al frente de todo un regimiento.

Otro punto a favor de Alemania era la Inteligencia. No porque los soldados del Reich tuvieran un CI más alto que nadie, sino porque durante bastante tiempo habían estado metiendo espías en las academias rusas. Durante la época de colaboración entre ambas potencias muchos alemanes habían ido a estudiar en academias rusas sólo que, a diferencia de otros intercambios de a día de hoy, en vez de irse al país vecino a pasarse el año entero bebiendo cubalibres, como hacen los estudiantes Erasmus, se iban a enterarse de la estructura, estrategia y secretos militares, entre otros.

Con una cantidad de agentes dobles que daba miedo decir una palabra más alta que otra, el Ejército Rojo tenía más agujeros que un queso de gruyere.

Todo esto, por supuesto, lo sabían los nazis, y sabían que jugaría a favor de ellos, sobre todo si Moscú caía rapidito. La operación para deponer Rusia tenía que ser un visto y no visto. Pero no fue tan corto.

He aquí el álbum de fotos para el Museo de la Guerra. Los próximos posts serán para comentar lo que aquí se puede ver.

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2 Responses to “A los pies de Madre Patria. El Museo de la Guerra Patriótica”

  1. Pablo Says:

    Хорошо!

  2. Héroes armados con piedras « El Hombre Humano Says:

    […] los problemas en el Ejército Rojo que ya he comentado había que sumar equipo de guerra defectuoso, uniformes no preparados para el frío invierno, […]

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