El Deshielo. Primavera en Kiev.

Así es.
La tarde cae sobre Kiev mientras el cielo ucraniano dibuja una acuarela de colores crepusculares.

La plaza que late en el centro de Kiev lo hace hoy con más fuerza de la que he visto nunca, haciéndola palpitar los pasos de los transeuntes tanto como en la época helada no lo habían hecho ninguna tarde de domingo. Antes solitaria, ahora tan poblada. Maidan, qué hermosa eres.

El lugar parece distinto. Casi no siento ni siquiera que estoy viviendo en la misma ciudad. Ni tampoco en el mismo país.

Nunca antes había visto el termómetro de Maidan a +14º. Lo he visto unas cuantas veces a -14º. Eso sí. Y también a -16º y -18º. Pocas en positivo. Y ninguna antes a una temperatura así.

En uno de esos brillantes cambios de temperatura, en unos pocos días hemos pasado del bajo 0 a temperaturas de +14º e incluso +15º. No podía creerlo cuando miré el marcador de temperatura del blog. Pero Mark también me lo dijo “hace calor fuera, tío”.

La transformación de la ciudad en unos pocos días a esas temperaturas ha sido kafkiana. En apenas veinticuatro horas buena parte del hielo y nieve que poblaba los caminos y las calles se había derretido, dejando también numerosos charcos. La ciudad se desnuda de su blanco abrigo. Imagina, lector, cómo se ponen en días como hoy las alcantarillas de la ciudad, y los problemas que en ocasiones eso supone.

Tampoco cae nieve del cielo. Ahora llueve. Ya no nieva.

En otras veinticuatro muchos de esos charcos han desaparecido, y el montante de nieve que resiste en la ciudad continúa menguando. Aunque nunca se sabe.

– “Yo he llegado a ver nieve en mayo” – había dicho Pablo.

En mayo. Para alguien que apenas había visto nieve antes de esta experiencia eso resulta una locura. El invierno parece haberse ido, pero puede volver. El tiempo ucraniano es imprevisible.

Pero no ahora. Ahora las temperaturas suben, mientras los guantes, la cazadora de esquí y el gorro que evita que los oídos sean dañados por el frío caen. Qué raro resulta salir a la calle sin ninguna de todas esas prendas, sino más bien con una simple chaqueta como podría uno llevar en España.

El color blanco deja de ser dueño de la urbe y probablemente dentro de poco los colores que devanean con el espectro de los grises dén paso a un arco iris de flores y árboles a lo largo y ancho del lugar.

Mi tiempo aquí es corto.
Lo único que espero es llegar a verlo.

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