La curva

Me dijeron que este momento llegaría.

En las jornadas del Chiscón, cuando todo empezó, nos contaron que todo voluntario tiene un momento en que se siente bajo de ánimo. Todo buen voluntario se siente eufórico cuando llega a destino. Salvo que ese hombre no sea humano, claro.

Pero lo normal es que uno sienta un subidón de adrenalina cuando llega a destino: un lugar exótico, al que has sido enviado como experto en terreno por la ONU, para trabajar por séis meses como Voluntario. Tal vez mi caso fuera especial, porque además yo nunca había estado en el extranjero.

Más tarde es cuando viene la caída.

También, por lo que sé de otros compañeros, se puede uno encontrar otros cooperantes que lo que tienen son subidas y bajadas de ánimo constantes.

La experiencia VUNU es un estanque cuya agua puede acabar ahogando.

– Es importante no pasar todo el tiempo con la gente de la ONG o de la agencia de la ONU en la que váis a estar
Qué gran verdad nos dijo el compañero. No por la gente, sino por lo que te vincula a ellos.

Lo que no es bueno es pasar demasiado tiempo pensando en tu misión en terreno. En tu trabajo. Supongo que lo mismo pasa con cualquier otro trabajo. Aunque lo que hagas tiene que ser algo que te guste, o preferiblemente que te apasione, el tiempo fuera de la oficina/del momento de la realización de la actividad para la que estés como VUNU debería ser dedicado total o casi totalmente a ocio.

Es importante no ahogarse con demasiadas actividades. Sino, al final, uno puede encontrarse sin tiempo libre. Y el horizonte para el final de la experiencia se acerca cada vez más. Cada vez queda menos, y más cosas por hacer. Un aluvión de ideas que cae en los últimos meses, justo cuando el factor tiempo, lo que más falta hace para llevarlas a término, precisamente, es lo que más escasea.

Y la experiencia VUNU se convierte entonces en un estanque, cuyo nivel tanto sube que se derrama y ahoga.

Para evitarlo es importante liberar la mente, intentar tener tiempo libre también para uno mismo, no coparlo todo con actividades y, a ser posible, y adaptarse lo más posible al horario y forma de vida del lugar en cuestión para evitar dormir sólo unas pocas horas al día, estando por el día hecho un escombro.

Parece tarea fácil, pero en ocasiones no lo es.

Séis meses, también conocidos con el mote de “medio año” parecen mucho tiempo, pero en realidad es muy poco. Por eso la misión prioritaria ha de ser, por encima incluso de la que marque el ToR (el destino por el que has acabado donde has acabado), disfrutar de la experiencia.

Si lo consigues, y aprendes algo útil, y seguro será así, podrás volver a tu casa diciendo “Misión cumplida”.

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