La danza del fuego

He quedado a tomar una pizza con Pablo para cenar. Desde luego, este hombre nunca dejará de sorprenderme.

– Bueno, ¿quieres que le eche un vistazo a todo esto para el voluntariado que quieres llevar a cabo en España?
– Sí, por favor

Pablo ha encontrado un par de programas de voluntariado. Uno en Madrid, que es el que más le interesa. El otro en la Fuente de San Luis, en mi misma ciudad, del cual yo no tenía ni idea. Manda narices que tenga que ser un chaval de Kiev quien me cuente cosas sobre mi ciudad.

Llevamos ya un rato revisando los papeles
– Bien… bien, perfecto, sí… er… un momento.
Pablo, ¿qué es esto de “aficiones: fire juggling”?
– Nada, me gusta hacer malabares con fuego
– Ah. Vaya. Es una afición maravillosa, pero no sé hasta qué punto es bueno ponerla en un formulario para optar a un programa de voluntariado. Tengo mis dudas.
– Ya, quizá no aporte mucho. Quitémoslo.

Acabamos de revisar los papeles. Seguimos charlando.
– ¿Sabes? En Valencia tenemos bastante afición por el fuego. Cada vez que el invierno se aleja lo despedimos con una fiesta llamada “Fallas“, cuyo protagonista es este elemento.

Comienzo a hablarle sobre la fiesta por excelencia de la Comunidad Valencia. Pablo me escucha atentamente e incluso toma alguna nota.

– Me gusta mucho la idea. ¿Sabes? Aquí en Kiev la primavera empieza el 1 de marzo

Por qué será que no me sorprende. Tan suyos, no pueden empezarla el día 21, como todo el mundo.

– Por eso mismo yo también quiero hacer algo especial hoy. Vamos a un parque aquí al lado – me dice mientras recoge su mochila, dentro de la cual veo que hay un par de bolas y una botella llena de un líquido que no parece exactamente agua

– Venga, Pablo, si tienes que hacer esto al menos date prisa
– Tengo que encontrar un sitio a mi gusto
– No, eso está claro, pero no tenemos toda la noche
– Deja de quejarte, hombre, además, creo que ese de ahí es perfecto: ni demasiada luz ni está cerca del restaurante, ni de ningún coche ni de ningún sitio que se pueda quemar

Pablo había dicho que esta noche estamos a +5º. Casi lo ha clavado. El marcador de r5 que estoy viendo ahora mismo en el blog marca +3º. Casi hace calor, para lo que es este sitio. Pero no para estar descamisa’o en medio de la calle.

– ¿Y estos pantalones? ¿Las rebajas de enero?
– No, me los pongo por encima de los otros porque son viejos. No pasa nada si se queman. Los vaqueros quiero cuidarlos, porque no tengo otros.
– ¿Qué hago si empiezas a arder a lo bonzo?
– Sencillo, David: grita como un poseso

Fantástico. Ya verás tú como mañana salimos los dos en una crónica de sucesos del Kyivpost.

Bonito baile. ¿Hora de marcharnos? Hombre, cómo se me ocurre.
Falta la guinda del pastel.

Pablo vuelve hacia mi con un olor un poco raro.
– Pablo, eso que has usado para transformarte en el protagonista de Dragon Heart, no era alcohol, ¿verdad?
– No; la gasolina va mejor para esto

Me lo temía.

Volvemos andando hacia el metro.
– David, ¿puedes invitarme a algo para enjuagarme la boca? Es que es lo que pasa cuando tragas gasolina
– Ya. Una pregunta: no puedes tomar cerveza porque estás de cuaresma. Pero, ¿la gasolina no entra en las cosas que no puedes tomar?
– No, eso no; ¿qué tal un bote de yogur?
– Sí, claro, Pablo. Lo que tú quieras, que te lo has ganado.

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