El feminismo machista

La Primera Guerra Mundial fue uno de esos sucesos desagradables que pasan de vez en cuando en este maravilloso mundo. En Reino Unido, al llamamiento de Lord Kitchener “Britons need you” miles de hombres se alistaron en el ejército de Su Majestad para combatir por su país.

Esto traería muchas consecuencias negativas, ya no para Reino Unido, sino para otros países de Europa, donde lo mismo estaba pasando: muchos de esos soldados no volverían. Y eran varones jóvenes, en edad laborable, y muchos de ellos con una buena formación. Al Primera Guerra Mundial fue un pozo en el que se diluyeron muchas vidas, pero también mucha mano de obra y capital humano.

Pero como no hay mal que por bien no venga, la mujer británica, viendo su país desproveído de hombres que hicieran todo lo que se suponía que se tenía que hacer para mover el cotarro, se echó la manta al cuello y decidió que la nación podía seguir funcionando, a pesar de que casi todos los varones estuvieran en el frente. La sociedad seguiría funcionando como si aquí no pasara nada. La consigna de todas ellas fue “Podemos hacerlo”



Cuando los británicos volvieron a su país se encontraron que éste estaba, como diría Alfonso Guerra, que no lo reconocería ni la madre que lo parió. La mujer, en unos pocos años, había pasado de estar enclaustrada en su casa, siendo esposa, madre y criada, a comportarse como un ser libre que podía gestionar la sociedad entera. El mal llamado sexo débil había dejado de creerse que lo era para decidir que ellas también podían. Fue así como la mujer del Reino Unido conquistó su independencia.

Una de las razones por las que estoy aquí es para promover el Objetivo del Milenio número 3 de Naciones Unidas: promover la Igualdad entre Sexos e incrementar el papel social de la mujer. Lamento mucho decir que, tal como lo veo, a Ucrania este objetivo le queda muy lejos.

Ya no por la oposición del hombre, que en muchos casos es bastante machista, sino más aún por la visión de la mujer, que parece casi de acuerdo con ese machismo. En una discusión sobre leyes de paridad en los puestos directivos, por ejemplo, recuerdo a una amiga diciendo que “a veces eso puede ser un error, porque quizá el hombre está más preparado”. La verdad es que no sé cómo están las notas de los estudiantes ucranianos, pero en España las mejores notas las tienen las mujeres… y los puestos directivos suelen ser mayoritariamente para hombres, a pesar de que en esta época las cosas ya no son lo que eran hace 40 años. Además, a mi nunca me han preguntado en una entrevista de empleo si me voy a quedar embarazado en unos pocos meses.

Observo también que la adjudicación de papeles es algo que existe en la sociedad: la existencia de estereotipos, por ejemplo respecto a que la mujer tiene que cocinar bien y el hombre ha de arreglar cualquier cacharro que deje de funcionar en la casa.

Ciertas profesiones acaparan la atención de la mujer mientras otras son terreno del hombre en el mundo laboral. Esto también pasa en España con sectores como la rama sanitaria y la ingeniería, respectivamente, por el papel antaño adjudicado a la mujer de madre, de cuidadora y sanadora, aunque me da la sensación de que en Ucrania estos estereotipos son más acentuados.

La mujer británica conquistó la independencia por la vía de creerse que eso de que hombre y mujer son diferentes es una chorrada. Para bien y para mal. Si la mujer ucraniana busca la igualdad el mejor paso que se podría dar para ello es que empezara por creérselo.

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