Catarsis. Elección.

Es un viernes por la tarde de mediados de enero. O por la noche, debería decir. Son las 20:00, más o menos.

Tengo la moral un poco baja. Estos días me ha pasado lo que tantas otras veces: me comprometo demasiado con los demás, y por no dejar a nadie tirado al final soy yo quien tiene el problema, cuando en un principio era yo quien tenía la sartén por el mango.

Me siento un poco cansado de este tipo de cosas. Y me cuestiono a mi mismo también: tal vez debería, como me han dicho otras veces, aprender a ser un poco egoísta, a preocuparme por mi, no por los demás. Lo gracioso es que esto lo tenga que aprender precisamente mientras hago el voluntariado de la ONU.

La salida de la parada de metro me depara una sorpresa. Hay un hombre en el suelo, tendido sobre las placas de hielo que se han formado sobre el pavimento consecuencia de varios días con temperaturas en torno a -10º. Parece estar inconsciente.

Nadie se para a ayudarle. ¿Por qué? En España eso se llama “negación de ayuda”, y es un delito. Aquí parece que todo el mundo se echa la manta al cuello.

¿Y yo? ¿Qué hago yo? ¿Le ayudo? ¿O paso de largo? Si no le ayudo puede que nadie más lo haga. Si es así, no sería de extrañar que mañana se lo encontrara alguien cadáver aquí mismo, con síntomas de hipotermia. Claro que, si nadie le ayuda, quizá haya una buena razón para no hacerlo. ¿Ayudarle puede suponer algún problema, tal vez? Quizá sería meterse donde no me llaman. Y de acuerdo con lo que estaba pensando hace un momento, lo más racional sería ignorarle y ocuparme de mis asuntos, porque, si nadie se para a ayudarle, ¿por qué he de ser yo diferente?… el problema es la elección.

Tomo mi decisión. Sigo andando.
Sigo andando hasta llegar a su lado. Nunca aprenderé.

Me arrodillo junto a él, y, poniéndole una mano en el pecho, lo agito mientras le grito preguntándole si está bien. No responde, pero mueve un poco los labios y, lo más importante, puedo ver que respira. No me hace falta comprobar nada más. Lo siguiente que he de hacer es buscar ayuda para atenderle o en su caso transportarle.

Tan pronto me pongo en pie de nuevo una anciana me dice que pida ayuda a los guardas de dentro de la estación. Vuelvo de nuevo a la entrada del metro, donde encuentro un par de guardias a los cuales les digo que hay un hombre echando la siesta del gorrino en la acera.

Los dos guardas y yo salimos a comprobar el estado de El Bello Durmiente cuando me quedo patidifuso al descubrir que he creado escuela. Resulta que ahora el amigo tiene a dos perfectos desconocidos que, cogiéndole cada uno de un hombro, lo están incorporando para apoyarlo contra la pared. El muro muy calentito no está, pero desde luego ya no es lo mismo -ni mucho menos- que estar tendido en el suelo.

Uno de los guardas saca una petaca, la abre, se la acerca a las narices al sintecho y lo revive como si Cristo le hubiera dicho “Lázaro, tómate un cubalibre y anda”; bueno, aunque éste para andar no está todavía, seguro. Pero sí para contestar mal a los guardas y empezar a discutir con uno de ellos, el que acaba de hacer de Jesús de Nazaret. El otro, más grande, sigue al lado de su compañero, tomándose con bastante humor el mal vodka del vagabundo. Maldito borracho.

Doy las gracias a este segundo guardia y sigo mi camino. ¿Por dónde iba? Ah, sí. “El mundo es un bonito lugar por el que vale la pena luchar”, dijo una vez Hemingway. Estoy de acuerdo en la segunda parte de la frase.

One Response to “Catarsis. Elección.”

  1. Amalia Monzó Says:

    David, el dilema de siempre que tú titulas “catarsis”. Esto lamentablemente es así. A veces nos metemos a redentores o en camisa de once varas y encima salimos escaldados. Me recuerda lo del “abrazo del ahogado”. Ves a una persona que parece estar ahogándose, vas a ayudarla, te coge del cuello en tal mala sombra, que a un pelo estás de ahogarte también.

    ¿Qué hacer? Pues me alineo contigo, creo que soy tan tonta que a riesgo de una puñalada trapera (porque igual te encuentras que lo hace adrede para que te compadezcas y así quitarte lo que lleves), es muy posible que hiciera lo mismo. ¿Somos tontos, nobles, o es que tenemos una conciencia y una ética tan arraigada dentro de nosotros que no sabemos, que no podemos ser de otra forma. Alguien nos diría que no aprenderemos nunca, pero yo por ejemplo, después de lo que me han contado de Nueva York y de lo que le ha pasado a gente compasiva, seguro que no me perderé por una ciudad como esa, llena de neones y luces, con el lado sórdido que la caracteriza y la indiferencia de la gente (¿o miedo?) que no se para a socorrer a nadie.

    Estamos en un mundo tan deshumanizado que da miedo de verdad. Se dijo que el siglo XX fue el siglo de la muerte espiritual del hombre. ¿Qué nos queda por decir del XXI? Igual pasa como esos ciclos que nos enseñaban en la clase de historia, que los imperios nacían, se desarrollaban y cuando llegaban a su cúspide, se caían y desaparecían. Siempre habnado en periodos de unso 700 años. Puede que estemos llegando al punto más alto y que luego venga la caida estrepitosa, con el agravante de que hoy las herramientas para autodestruirnos no son las que tenían los romanos por ejemplo. Ahora sería demasiado fuerte y desapareceríamos. Tengamos fe, a ver si resulta, porque hay tantos intereses creados, que por muy optimista que pretenda ser, creo que tengo demasiados años y experiencia como para esperar otra cosa que no em deprima como ahora.

    Después de ver que a pesar de las advertencias sobre el cambio climático, etc etc y etc., sigamos siendo tan burros como para dejarlas caer, es que entiendo hasta a los que se suicidan.

    Besos y a seguir, aunque sea por los fans como yo.

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