Calimochoff

Pablo me espera junto a las puertas de cristal del metro de Maidan. Vaya, y va acompañado. Un amigo suyo está junto a él, portando una mochila que causa furor por allá por donde vamos: tiene un dibujo que todo el mundo se acerca a mirar.

Había quedado con Pablo aquí porque me había prometido llevarme a un botellón de rockeros en Maidan. Sabiendo que este tipo de actividad es bastante popular en España por eso de que no solemos tener más de tres meses de invierno, me picaba la curiosidad saber cómo se lo montaba esta gente por realizar tamaña actividad en un país donde el invierno dura séis meses y además este está cogiendo temperaturas de -20º como quien no quiere la cosa.

La respuesta es sencilla: por supuesto, la gente, al menos con estas temperaturas, no sale de debajo de tierra. A -16º no apetece reunirse en un parque ni nada por el estilo. No es lo mismo que estar a 0º, algo que más o menos se aguanta. Aún así estos corredores aíslan un poco del frío exterior, pero tampoco hace calor en absoluto aquí abajo. Pablo conoce a muchos de los que aquí se reunen viernes tras viernes, porque son compañeros suyos de la universidad, y dice que hoy está bastante vacío, por el intenso frío que tenemos estos días.

En uno de los pasillos subterráneos de la plaza Maidan, (conocida por esta tropa como plaza “Iron Maidan”) encontramos un corrillo de chavales que rondan los veinte o veintipocos, en el centro del cual uno de ellos toca una guitarra.

– ¿Qué canta?
– Es rock de la SSSR
– ¿SSSR?
– Sí. Rock de la época soviética. Rock comunista, vamos.

Mientras esta charla con el nuevo compañero da lugar, Pablo coge la mochila que traía con él y saca de ella un termo. Vuelca el termo, vertiendo algo de su contenido en la tapa del mismo, algo que da apenas para un par de tragos de lo que quiera que sea lo que ha puesto. O tal vez para algo más que un par de tragos, porque ese líquido está hirviendo. Nos ofrece a los dos. Su amigo pega algunos sorbos y después me lo pasa a mi.

Tiene un sabor curioso. Me gusta.
– ¿Qué es esto?
– Es vino hervido con especias. Es la bebida más habitual en este tipo de encuentros.
– No tiene mal sabor. Y no es que me guste el vino, precisamente.

O sea, que el calimotxo de España es para ellos vino blanco hervido con especias. Se entiende bastante bien. En un país donde el clima está entre pocos grados sobre cero en invierno -por término general; si buscamos también encontramos un clima más duro– y los treinta y tantos o más de cuarenta del verano lo que pide el cuerpo es bebida refrescante. El vino con cola es un buen candidato. Pero en un país donde buena parte del año se pasa dando vueltas en torno a los 0º y, según los caprichos meteorológicos, se pueden plantar en -20º o -25º, lo que el cuerpo necesita es té y otro tipo de bebidas calientes.

Así, ni siquiera el botellón escapa del gusto -y necesidad, de otro lado- de los ucranianos por las bebidas calientes.

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