Una mentira que provoca una sonrisa

… sobre todo a las grandes superficies.

El ser humano vive envuelto en mentiras desde el primer hasta el último día de su vida. Ya desde pequeños se nos habitúa a esta forma de existencia, con una pequeña mentira como es la de los Reyes Magos.

A veces la realidad es demasiado dura como para admitirla, y es en esos momentos cuando mucha gente prefiere contar una mentira que hace feliz a una persona que una verdad que puede hundirla.

Es por este tipo de cosas que la gente se cree, a lo largo de su vida, cosas como los Reyes Magos, las peleas de Hulk Hogan, los programas electorales o el programa de El último superviviente.

La festividad de los Reyes Magos es una de las primeras experiencias de una persona en lo que es la felicidad patrocinada por la ignorancia. Es poco menos que traumático cuando descubres que nadie en el mundo va a dar un euro de manera gratuita por ti, salvando tu familia y un círculo muy reducido de amigos. Será de las primeras ocasiones en las que desearás no conocer la verdad. Pero probablemente no de las últimas.

Luego está el aspecto económico. En una época en que el consumo está en coma por un quítame allá esa crisis la festividad de los Reyes Magos es una balón de oxígeno para la gente que más la está sufriendo. Hablo, por supuesto, de El Corte Inglés.

Es en este momento cuando me alegro de privarme de todo lo que me privo a lo largo del año: gracias a ello cuando llega esta fiesta me siento ilusionado por qué me pueden haber traído. Ese momento de coger un regalo, empezar a desenvolverlo, y descubrir algo que te hace ilusión, es fantástico.

También lo es el saber que tu familia no está buscando cualquier estupidez sólo por hacer el paripé, sino que buscan algo que saben que de veras te será útil o como mínimo te hará ilusión. Luego tampoco has de fingir que estás contento con lo que los tuyos han pensado para ti, porque lo estás de verdad. Bueno, hay gente que no se molesta ni en fingir, eso también es verdad.

Fiestas como esta crean un “consumo fantasma”. La gente compra cosas que no necesita, regala cuando a sus allegados no les falta de nada y se gasta un dinero que en realidad no tiene, endeudándose si hace falta, para regalar todo lo posible y un poquito más. En Reino Unido, por ejemplo, son algo más racionales con esta fiesta. El regalo es una muestra de que te has acordado de la persona en cuestión, no una exhibición de potencial económico.

Desde luego, es un acto de burla a eso de que el mercado se comporta de una manera racional. La secuela de los Reyes Magos se encuentra en las rebajas de enero, aunque estas son para evitar que el consumo la palme directamente como consecuencia de que las familias no tienen ni para pipas después del dineral que se han dejado a finales de diciembre. A ese respecto, es verdad que las segundas partes nunca fueron buenas, salvo en las ofertas de electrónica.

Otro bonito momento es el de la cabalgata de los Reyes Magos, cuando descubres también que la codicia es peor en los mayores que en los niños: los padres están al límite de la somanta a palos entre ellos por un mal caramelo para sus vástagos.

Yo, por mi parte, estoy más contento que un niño con zapatos nuevos con las películas de Star Wars y un libro de economía. Debo de admitirlo, a pesar de todo me encanta esta fiesta.

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