Señor de la Nieve Invernal

Atravieso la pesada puerta de la casa exhausto. Sabía que el clima que me iba a encontrar aquí iba a ser duro, pero la verdad es que tampoco me esperaba esto. Me duele la cabeza. Mi cuerpo está cansado. Me siento sin energía. Mis brazos. Mis piernas. Es como si no pudieran mantenerme de pie un minuto más. Necesito conseguir que mi cuerpo recupere calor de inmediato. Preparo un té. Al contrario de lo que hago siempre, no me espero en absoluto a que se temple ni un poquito: lo engullo casi con ansia, a pesar de ser agua recién hervida. Estoy desesperado por conseguir que mi cuerpo vuelva a entrar en calor.

El General ya está aquí. La época de Invierno empieza oficialmente a partir del próximo día 23 de diciembre, pero ya unos días antes él se ha dado por invitado. La nieve cubre los coches, los caminos, y las carreteras y calles desaparecen bajo la nieve, haciendo que los coches en algunas ocasiones tengan que intuir el camino más que seguirlo. Las reglas humanas desaparecen. Las de la naturaleza gobiernan. Y es Invierno quien las dicta.

He pasado toda la noche fuera, en un cyber que descubrimos Raimond y yo ayer por la noche. He vuelto a las siete de la mañana a casa. Y debo de decir que el camino a casa ha sido una de las experiencias más duras que he vivido hasta ahora aquí, en Kiev. Tal es que por mi mente pasa la canción “Lord of the Winter Snow”, de Luca Turilli, una oda al Invierno. Una canción al Señor de la Nieve Invernal.

Tras varias horas de conexión a Internet salgo del cyber. Justo antes de salir a la calle me doy cuenta de que tengo un problema: este sitio no es tan caliente como debería de ser.

Llevamos ya unos cuantos días a -15° o incluso -20°.
“Ven para acá”– me dice Raimond. En ese momento no eran ni las dos de la mañana. Él está a punto de irse a casa.
Está viendo el tiempo para los próximos días. Hoy será la temperatura mínima. -23°.

Con un clima tan extremo el calor del cuerpo se esfuma rápidamente. En cuanto pasas diez minutos fuera necesitas encontrar un sitio bien climatizado donde recuperar calor corporal para volver a salir. Como siempre, esto no es una ciencia exacta: uno puede ir muy bien preparado en cuanto a equipo se refiere, y mantener por más tiempo el calor corporal gracias a ello. Pero aún así no hay que olvidarse de gestionar bien la temperatura del cuerpo. Es un factor clave.

El cyber en realidad no está tan bien climatizado como yo pensaba. Está bien para una o dos horas. Pero no para toda una noche aquí. Según han ido pasando las horas me he ido poniendo más ropa encima. No me daba cuenta, pero este lugar no me estaba aportando calor. Me lo estaba quitando.

Son casi las séis. El horario del metro empieza ahora. Salgo a la calle. El impacto inicial no es tan fuerte. Nunca lo es. El problema viene después. Comienzo a caminar en dirección al metro. En cuanto pasan 5 minutos empiezo a padecer las consecuencias. He salido a la calle con menos reservas de calor en el cuerpo de las que debería y ahora lo estoy pagando.

Alcanzo la parada de metro deseoso de encontrar en ella un lugar donde cobijarme del frío y recuperar calor. Me equivoco de entrada y entro por la salida. Me cuesta medio minuto más llegar a la entrada. Un medio minuto que se me hace muy largo.

Estaba equivocado. La parada no es un refugio. Es menos fría que lo que hay ahí fuera, sí, pero no me ayudará a recuperar calor. Ni mucho menos. De hecho, lo sigo perdiendo, pero a menor ritmo. Varios kievitas esperan su metro desde el interior, mirando a través de los cristales de la estación. Sólo dos valientes se atreven a esperar en el andén. Es la primera vez que veo a los kievitas cuidarse así del frío.

El metro parece reirse de mi. Pasan dos trenes justo en sentido contrario. La frecuencia del metro en la madrugada del domingo no es la de un día laboral, desde luego. Y por lo que veo, tampoco es la misma hacia fuera de la ciudad que hacia el centro: no sé cuándo pasará el mío. No puedo seguir aquí. Necesito recuperar calor como sea. Y necesito hacerlo ahora mismo.

Arsenalna. Es conocida por ser la parada de metro más profunda del mundo. Tendré tiempo para hablar de ella.
Arsenalna es la primera parada subterránea del metro en dirección a Maidan Nezalezhnosti. Está situada en las entrañas de las colina sobre la que se asienta el centro de Kiev. Más de 100 metros de profundidad me aislan del frío. He llegado a ella cogiendo el siguiente convoy que llevaba hasta ella, en sentido contrario al que me lleva a casa. Pero era necesario. Aquí estoy recuperando calor corporal. Paseo por Arsenalna. He de tomarme mi tiempo. Doy limosna a un vejete.

Vuelvo al andén. Mi pulso se acelera. Estoy nervioso. Ni siquiera el interior de los trenes está mínimamente caliente, y cada vez que uno para en una estación exterior, como aquellas a las que me dirijo, una bocanada de ese gélido aire que drena el calor de tu cuerpo entra en el vagón. Los pocos pasajeros que a esas horas me acompañan en el interior respiran levantando baho helado desde sus labios y se agolpan encogidos de hombros intentando preservar todo lo posible un calor vital para sus cuerpos.

Llego a la parada objetivo. Es desde aquí que tengo que iniciar mi camino a casa. El camino es corto. Pero creo que nunca se me había hecho tan largo. Mi paso es rápido. Todo el que me permiten la alta caña de mis botas y la resbaladiza nieve por la que camino. Necesito llegar a casa. Necesito llegar a casa ya.

Nunca me había alegrado tanto de entrar en este oscuro portal. Ni tampoco pensé que unos pocos escalones pudieran resultar tan pesados de subir, sólo por ser lo único que se interpone en mi camino hacia el tan preciado calor. Pero finalmente lo he conseguido. Entro en mi habitación. Pongo el radiador. Estoy en casa. La pesadilla polar ha terminado. Y la lección está aprendida.

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One Response to “Señor de la Nieve Invernal”

  1. Españoles… el USB ha muerto « El Hombre Humano Says:

    […] de mi aventura a -20º el mejor de mis USBs ha dejado de funcionar irreversiblemente. Era una temperatura demasiado baja […]

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