Desilusión en diciembre, elecciones en enero

De vez en cuando uno puede ver un mitin por el centro de Kiev. Por ejemplo, uno un domingo por la mañana cuando andaba yo perdido por Maidan, he aquí la imagen:

Casi tan numerosos como uno de esos mitins que da Izquierda Unida en Second Life, los asistentes al mitin supongo que al terminar llamarían a un taxi y se irían todos juntos dentro. Y seguro que les sobraría espacio.

Como contaba la BBC, Ucrania se hunde en el desánimo electoral. O eso me parece a mi, al menos.

El “todos son iguales” es una frase que resume bastante bien el sentimiento de los ucranianos hacia sus políticos. El arquetipo tan cacareado de que un político es un señor con mucho dinero que se mete en política para tener más aún tiene un peso particular en este país. No sorprende.

Tymoshenko ha tenido una carrera empresarial brillante vinculada al sector del entretenimiento primero con una cadena nacional de videoclubs y al de la energía después, dirigiendo United Energy Systems of Ukraine, la principal empresa gasista del país, la Gas Natural de Ucrania.

Viktor Yushenko ganaba muchísimo dinero con el juego hasta que el Parlamento Ucraniano aprobó una proposición no de ley lanzada por la oposición para clausurar muchas de las salas de juego que añadían ceros a la cuenta bancaria del Presidente. Que nadie sufra por él: no se va a morir de hambre; como es fácil de imaginar, esta no es su única fuente de ingresos.

Viktor Yanukovich tampoco va exactamente descalzo por la vida. Tiene algún que otro complejo hotelero en los Cárpatos que no es que sea lo más parecido a la Casa de la Beneficencia.

Una de las asignaturas pendientes del sistema en el país es la de la corrupción. El pueblo ucraniano está harto de un sistema en que todo funciona como una gran cadena de favores/dinero. Ucrania sueña con otra cosa. No es algo que digan los periódicos. Es algo que te dice la gente en la calle. El líder que decidan las urnas el próximo mes de enero debería tomarse en serio esta consideración si no quiere decepcionar -una vez más- a Ucrania.

Las reacciones de la gente cuando hay un debate entre los contendientes, por lo que tengo entendido, oscilan entre el bostezo y la risa compulsiva. Estas elecciones son el negro sobre el blanco de lo que fueron las de 2004. La gente cree que salga quien salga nada cambiará. Lamentablemente, la realidad parece darle la razón a Olexiy Tolkachev, el activista que aparece en el enlace de la BBC: tras la Revolución Naranja todo el mundo abandonó la plaza Maidan para irse a casa.

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