El té de después de comer. O el de después de cenar.

O el de las doce. O el de las cinco. O por la mañana. O cuando sea.

Cuando llegué uno de mis compañeros de piso compró una tetera para hervir agua. Me parecía una tontería, pero como no quería iniciar mi relación con ellos discutiendo decidí participar. Total, son 150 hrvinas (unos 12,5 €), pensé.

A toro pasado, creo que es una de las mejores ideas que pudo tener este hombre. He pasado a ver la tetera como una herramienta más que útil.

Ucrania tiene problemas todos los que quieras y más con el tema del agua. Sus recursos hídricos son de lo peor. El agua del grifo es el manjar prohibido, salvo para el hombre del estómago de hierro: si te pones a beber del grifo corres el riesgo de ejecutar esa acción que en román paladino se llama “irse por la pata abajo”. El agua del grifo no es potable.

Aunque se puede hervir. Y entonces se puede usar para cocinar e incluso para beber. Ya de paso que la hervimos, nos hacemos un té con ella, porque si uno la hierve es para beberla inmediatamente, no a la media hora, y como el agua caliente a secas no es bocatta di cardinale, mejor hacer té con ella.

Por eso desde que llegué me encontré gente bebiendo té de manera continua. A todas horas. De hecho, en los trenes, a veces uno puede encontrarse abuelas que van por los vagones con un paquete de hierbas (supongo que té, claro), y la función de la mujer es la del tío de la playa con las gafas de sol, el muñeco de Elvis para el coche y la maleta con cincuenta mil cosas más: es vendedora ambulante. Bueno, aunque ella te prepara y te vende té, no peluches del Pato Donald.

El uso del té es algo generalizado en toda Ucrania. También es algo que se ha convertido en tradición. Contrasta con la poquita agua u otras bebidas que toma la gente. Es también común mezclarlo con algo de miel. La verdad es que para el constipado es una maravilla.

Aún así, para lo que han contado de otros países, como Arabia Saudí, aún es poco. En ésta última el uso del té ralla lo patológico.

La otra opción es comprar agua en el super. De esa sí puedes beber. Pero no sé si es por la desconfianza de los ucranianos en los supermercados o por mera costumbre, aún así veo a la gente bebiendo más té que otra cosa.

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