Un aullido en la entrañas de Kiev

Tal vez no se perciba en el vídeo, pero el ruido de los dos viejos vagones abriéndose y cerrándose a la vez es suficiente para eclipsar una conversación entre dos personas. Cuando lo oyes por una vez lo puedes aguantar, pero cuando llevas 30 minutos oyéndolo sientes que estás a punto de volverte loco.

El día en que llegué Giovanni había quedado con los que ahora son mis compañeros de piso. No sé de quién fue la genial idea de quedar en el mismo andén de la estación. Como además aquí los metros tienen una frecuencia de paso que no supera los tres minutos, y de hecho puede llegar a ser menos de dos minutos durante la hora punta, puede llegar a ser una auténtica tortura quedar con alguien en un andén, sobre todo si la persona en cuestión se retrasa. Quedar en el metro es, por tanto, una buena forma de arreglar ciertos asuntos, por ejemplo si la persona con la que estás quedando te debe dinero desde hace tiempo.

Otra cosa que salta a la vista en el metro cuando entras por primera vez en él es lo limpio que está todo.

– ¿Cuestión de civismo, Giovanni? Veo que está todo impoluto, a pesar de no haber ni una papelera a la vista
– No. Eso se debe a que cada media hora hacen pasar a una señora con una escoba y un recogedor para dejarlo todo cuco y pulido

Giovanni tenía razón. En según qué zonas de la ciudad, Kiev es un sumidero de basuras. También pasa en parques o en los montes. Pero con el metro, algo de lo que los kievitas parecen sentirse muy orgullosos, la ciudad tiene un trato especial.

Como para tantas otras cosas, Kiev, como buena gran ciudad, se preocupa más por aparentar que por realizar. Se percibe en el hecho de que la estación está totalmente limpia. Eso no lo puede negar nadie. Pero la maquinaria del metro es comparable a una cafetera con doscientos pasajeros en el interior. En 50 años de antigüedad es como si el día fuera el empeño que muestra quienquiera que se ocupe del metro por conservarlo siempre limpio y en buen estado y la noche fuera el poco dinero que se han gastado en renovar las instalaciones, especialmente en lo referente a los trenes.

Sin embargo, la estructura del metro, el inmenso animal que alberga Kiev en sus entrañas, es digno de mención. Quizá por todas las razones para amar una infraestructura así, además pública (aunque hay también unas cuantas razones para odiarla), o quizá porque me gustan las ciudades con grandes metros, este será el primero, pero no el último post que lance para hablar del metro de Kiev.

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